lunes, 31 de enero de 2011

Montevideanos, Mario Benedetti

Para muchos Mario Benedetti fue el poeta de lo cotidiano. El escritor
que retrataba la vida del ciudadano de a pie, del burócrata no
kafkiano, de las situaciones naturales que podrían ocurrirte a ti o a
mí en cualquier momento.
Este sábado había quedado en acompañar a la comadre Malquerida a una
fiesta o algo así. Su hija, Laura, pasaría por mí al metro y me
llevaría al lugar del festejo; tuvo un retraso y mientras la esperaba
decidí hacer tiempo en el centro cultural José Martí. Frente a este
sitio encontré dos cosas que me parecieron más interesantes que la
Expo del interior. Una banda de rocanroleros me obligó a entrar en
ritmo y quedarme a pesar del sol. Algún tipo evidentemente pacheco
bailaba con una señora que en ese momento revivió su juventud
setentera bailando y coreando canciones que, debo reconocer, nunca
había escuchado.
A un costado del público estaban atentos dos azulados servidores de
seguridad pública y junto a ellos el segundo elemento que me pareció
interesante: un puesto ambulante de "libros de viejo". Entre los
libros descubrí uno que hace tiempo había querido tener pero por
presupuesto u olvido no había podido incorporar a mi patrimonio,
Montevideanos de Mario Benedetti.
El precio, bastante accesible, medio salario mínimo. 152 páginas con
casi una veintena de cuentos de los cuales solamente había leído un
par. Me decidí a comprarlo y comencé a hojearlo mientras esperaba a
la señorita Laura. Terminé sentado en el andén del metro leyendo dos
o tres cuentos mientras la comadre se decidía a llegar.
Debo decir que el libro no es lo que esperaba, sin llegar a
decepcionarme. Las historias son variadas, viajan de la ternura a la
insolencia. Tocan con mucho tacto la sensibilidad del lector y hacen
su parte como radiografía de los habitantes de Montevideo, o al menos
de como me los imagino al leer a don Mario.
Quizás el cuento más tierno es el de la desilusión del niño que
tras mucho desearlo puede conocer al fin el espectáculo de los payasos
en circo y termina llorando por la mirada triste de quien regala
alegrías para ganarse tristemente el pan de cada día.
La despedida de soltero de un oficinista me recordó un poco ciertas
vivencias e historias de burocracia y borracheras; de amores y
esperanzas. Los trastos como motivo para revelar el secreto mejor
ignorado de un cornudo será por mucho uno de mis favoritos. La
señorita del servicio domestico temerosa de la mirada inquisidora de
la patrona, el azul, los niños, la oficina, la vida cotidiana para
acabar pronto, es el tema del libro.
El estilo es tan variable como las situaciones presentadas, sin dejar
de tener el toque conocido de Benedetti para decir mucho escribiendo
de lo que para todos es la nada.
Quien quiera leer esta colección de cuentos no debe esperar un texto
introspectivo como La Tregua, ni una critica suave a la vida como el
La borra del café. La poesía, quizá el género por el cual es más
conocido Benedetti no aparece en verso pero si en guiños sutiles que
no por eso pasan desapercibidos al lector.
Recomiendo este libro, principalmente porque no es El Libro con
mayúsculas del poeta, pero sí con las triviales minúsculas de quien
escribe sin pretenciones y con observación. Si ustedes, queridos y
escasos lectores, quieren un poco de aquello que viven pero visto
desde las letras de quien no lo minimiza seguramente les parecerá
agradable la lectura.

Recuerden que todos los comentarios, mentadas y similares son
bienvenidos.

2 comentarios:

  1. Yo lo único que sé es que la tristeza invade mi ser y la pena se regodea conmigo.



    :(

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  2. UNA INAUGURACIÓN MÁS...
    COMO EN LAS OTRAS...
    FELICIDADES¡¡¡

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