A unos pasos de la alameda central, cruzando la calle de Hidalgo se encuentra la plaza de la Santa Veracruz. Ahí encontré alguna vez una fuentecilla que me pareció encantadora y varios ambulantes que al parecer huían de un operativo o tenían algo así como una asamblea.
Hace unas semanas pasaba por ahí y me sorprendió ver la plaza que recordaba tan linda en condiciones de abandono. Me senté un rato a contemplar los edificios y luego me decidí a entrar al Museo Nacional de la Estampa (MUNAE).
El edificio es una invitación a no entrar, pero el interior resulta hasta cierto punto maravilloso. El espacio fue construido para durar y ha resistido de todo. Es sobrio y modesto, casi discreto por compromiso pero encantador.
Dos cosas me parecieron resaltables del museo: el vitral del techo y la atención recibida por los custodios.
Diría que el museo se gana una puntuación buena en casi todo, sin embargo pierde mucho por su poca accesibilidad para personas discapacitadas.
Yo quiero ir a una exposición que hay del miedo, me gustaría pero me da miedo je.
ResponderSuprimirBesos Nenito.