Les pongo el argumento
Un tipo trabaja para el gobierno, su trabajo consiste en validar datos para verificar si los documentos presentados son válidos o no. Tiene cierto poder en cuanto pasar o no determinadas cosas en el historial de los contribuyentes. Tiene acceso a tanta información que con solo unos cuantos datos puede obtener casi cualquier información que exista en archivos de gobierno sobre la persona. Además puede dar por buenos o malos pagos de impuestos federales.
En donde trabaja existe un sistema informático al cual solo se accede con claves específicas y niveles de usuario según el perfil y responsabilidad. La clave de nuestro personaje tenía acceso a casi todo lo que implicaba cuentas de contribuyentes y situaciones de vehículos.
Pero el sistema es un sistema débil, con mil parches e infinidad de errores. Entonces como nuestro personaje es algo obsesivo pues documentó docenas de errores. Lidiaba con ellos diario o los usaba para agilizar su trabajo. Incluso con errores corregía otros errores (por ejemplo aquello de los vehículos duplicados) o bien simplemente orientaba a medio mundo sobre como evitarlos.
Por su terminal pasaron cientos de casos, cada uno con impacto promedio de cinco mil pesos en lo recaudado por el estado. Atendía en promedio unos cuarenta casos diarios y era un empleado motivado. En su trabajo lo mismo detectaba coches robados que recibos falsos. Adquirió un instinto raro para la tramitología y siempre que algún documento o dato le parecía sospechoso siempre resultaba que venía de algo chueco.
Como era el rarito que ponía órden en ciertas cosas pues le fueron asignando y desasignando oficinas para asesorar y más de medio estado fue asesorado por él. Un buen día se día le asignaron las dos oficinas más importantes en cuanto recaudación. Juntas casi el 70 de los ingresos recaudados por su estado. Entonces empezaron los problemas.
Más de una vez ya había tenido que lidiar con mini ataques a su computadora, correos que llegaban con códigos maliciosos incrustados, vilmente virus en otros, irrupciones y clonaciones de IP. Como todos imaginarán el área de informática nunca solucionó eso. Un día dijeron que el fulanito usaba mucho ancho de banda y que tenía un problema de virus. El tipo tenía un buen antivirus pero se vió obligado a permitir que los informáticos se llevaran su maquina para "arreglarla". La regresaron, junto con las de sus compañeros, con algunos virus y loggers. Afortunadamente el tipo no era tan tonto y lo primero que hizo al recibirla fue verificar cada uno de los procesos que corría de forma automática y desinstaló lo innecesario, cambió el antivirus y actualizó licencias y codecs.
Como era desconfiado a morir, tenía un respaldo en red de cada cosa que hacía y en la maquina de uno de sus compañeros se creo una carpeta de respaldo por si acaso. Se hizo de algunas miradas y era conocido como el monito que se sabía hasta los nombres de usuario y datos de todos sus asesorados. Incluso sabía de los asesorados de otros y los cambios de empleados entre oficinas recaudadoras. Contaba con todas la leyes y manuales. El manual de su propia oficina estaba basado en el formulario que nuestro protagonista creo. Más de una vez le tocó encontrar algún fraudecillo o fraudesote y lo reportó como debía añadiendo además la crítica al sistema.
Pasaron algunos meses y el tipo trabajó tranquilo, eso sí acosado por jefes de oficinas que insistían en encontrarle errores. Un día tuvo uno, casi insignificante y de solución sencilla. Pero lo convirtieron en un pancho marca diablo. Después hasta sus relaciones personales fueron criticadas como parte de su trabajo. Los asesorados que lo odiaban por específico e inflexible existían lo mismo que los agradecidos porque les componía errores en minutos cuando antes de él esos procesos tardaban incluso semanas.
Más de uno le consultaba sobre legislación fiscal o procedimientos en sistema. Otros tantos le chismeaban lo que ocurría por todos lados y se armó de una buena antología de conocimientos sobre la entidad para la que trabajaba. Pero se hartó. Le molestaba que no pudiera besar a su novia en público porque era una de sus asesoradas, que sus soluciones fueran atacadas al principio y después usadas como el estandar (naturalmente adjudicadas a otros), que sus días enteros los pasara frente a una computadora y conversar con medio mundo por mensajería instantanea y no en persona. Le molestó sobre todo la actitud por demás pésima con la cual su trabajo era infravalorado. Renunció y pensó que se vería libre de la oficina.
Aquí empieza la película.
Aunque reportó en su momento, sus momentos, que existía un problema serio con el uso de claves en el sistema le dijeron que eso no pasaba aún a pesar de que lo demostró. Dos semanas después de su renuncia se entera que lo que el hacía le salvó de muchas cosas. Resulta que las máquinas que se habían llevado a "arreglar" los de informática y que ingenuamente sus compañeros usaron como si nada son las que usaban los asesores a quienes ahora se sabe les robaron las claves. Casualidad?
La recuadación problema que nunca le fue asignada usaba esas claves y con ellas generó un desfalco tremendo de cientos de casos.
Muchos de errores que nuestro protagonista reportó no han sido aún corregidos e incluso se han añadido otros. Para colmo esos errores también han desfalcado al estado.
Digamos que a nuestro protagonista le cuentan esto de forma extraoficial. Pero con suficientes datos como para que él, de forma completamente legal y usando la redundante forma en que los trámites se hacen en su entidad, investigara un poco y se diera cuenta de como estuvo el asunto (maomeno). Usando su memoria volvió a aquellos en que la legislación aplicable implicaba de 20 a 45 años de prisión por violaciones al código fiscal federal. Entró a la red y confirmó sospechas.
Qué hará nuestro protagonista? enviar la info a un periódico, hacer una denuncia (violando la parte de confidencialidad a la que se encuentra atado), callarse o simplemente correr el chisme?
Al parecer opta por lo último pero en dos meses un caso de ese tamaño tiene que salir a la luz pública mejores fechas (electorales) puede tener para alguna de las otras dos opciones.
2.01.2010
1.31.2010
Pedir perdón, perdonar
Las caras de la moneda. Hace unos meses empecé a practicar la primera de ellas. Busqué o me dejé encontrar por pasados solo para decir lo siento y aclarar que aquello por lo cual sentía la obligación de disculparme. Cosa rara, las personas a las que me sentía atado por esa obligación pensaban de manera similar. Y para mi sorpresa también tenían en mente acciones por los cuales querían disculparse.
Hubo quien de plano dijo que perdonaba porque no le importaba, como la canción de Sabina. Y quien terminó diciendo que lo malo en la relación era ella y no mis panchos como yo siempre pensé.
Pero en todo esto del perdón siempre existe el mismo proceso. Primero la regamos, metemos la pata, se nos las cabras, nos ponemos necios, olvidamos o nos vale madres. Luego viene lo malo, las acciones y actitudes que tenemos lastiman, ofenden o decepcionan a alguien más. Y ahí surgen los problemas porque eso duele y como duele y somos humanos actuamos en consecuencia.
Si las cosas se quedan así ya valió todo, porque o bien se guardan rencores o se almacenan malos recuerdos. Pero afortunadamente como buenos pecadores inventamos el perdón y lo hicimos tan necesario que hasta en la religión lo metimos y es pilar en el cristianismo.
Pero en todo acto de perdón existen dos partes, la ofensora y la ofendida. Y para que el perdón exista debe ocurrir algo con cada una de las partes. La parte ofensora debe convertirse en arrepentida y la ofendida en comprensiva.
Desafortunadamente aquí es donde la cucha tuerce el rabo. Porque siendo sinceros, no acostumbramos a arrepentirnos. Hacemos mal, hacemos daño y pensamos que somos maravillosos. No aceptamos los errores ni mucho menos dejamos sitio para asumirlos responsablemente o dejar lugar para el arrepentimiento.
Del lado ofendido las cosas son siempre un poco más fáciles, basta con ver la mirada de verdaderas ganas de no volver a ofender y ya con eso. Pero no siempre se está dispuesto a ver a los ojos a alguien y dar oportunidad de resolver las cosas. Está es la complicación más grande del ofendido, el darse la oportunidad de dejar de serlo.
Ser víctima siempre es más fácil que el victimario. Y mucho más cómodo, por eso ocurre que a veces el ofensor se hace el ofendido y cuando debería según la moral vigente sentirse arrepentido.
Y el último paso en el proceso es el más breve y a la vez el más duradero. El decidir si vale la pena o no, aplica para ambas partes. La respuesta a esta pregunta es lo que marca la diferencia entre escoger el perdón o guardar el rencor.
Yo me quedo con la primera opción. Ustedes cuál tomarían?
Hubo quien de plano dijo que perdonaba porque no le importaba, como la canción de Sabina. Y quien terminó diciendo que lo malo en la relación era ella y no mis panchos como yo siempre pensé.
Pero en todo esto del perdón siempre existe el mismo proceso. Primero la regamos, metemos la pata, se nos las cabras, nos ponemos necios, olvidamos o nos vale madres. Luego viene lo malo, las acciones y actitudes que tenemos lastiman, ofenden o decepcionan a alguien más. Y ahí surgen los problemas porque eso duele y como duele y somos humanos actuamos en consecuencia.
Si las cosas se quedan así ya valió todo, porque o bien se guardan rencores o se almacenan malos recuerdos. Pero afortunadamente como buenos pecadores inventamos el perdón y lo hicimos tan necesario que hasta en la religión lo metimos y es pilar en el cristianismo.
Pero en todo acto de perdón existen dos partes, la ofensora y la ofendida. Y para que el perdón exista debe ocurrir algo con cada una de las partes. La parte ofensora debe convertirse en arrepentida y la ofendida en comprensiva.
Desafortunadamente aquí es donde la cucha tuerce el rabo. Porque siendo sinceros, no acostumbramos a arrepentirnos. Hacemos mal, hacemos daño y pensamos que somos maravillosos. No aceptamos los errores ni mucho menos dejamos sitio para asumirlos responsablemente o dejar lugar para el arrepentimiento.
Del lado ofendido las cosas son siempre un poco más fáciles, basta con ver la mirada de verdaderas ganas de no volver a ofender y ya con eso. Pero no siempre se está dispuesto a ver a los ojos a alguien y dar oportunidad de resolver las cosas. Está es la complicación más grande del ofendido, el darse la oportunidad de dejar de serlo.
Ser víctima siempre es más fácil que el victimario. Y mucho más cómodo, por eso ocurre que a veces el ofensor se hace el ofendido y cuando debería según la moral vigente sentirse arrepentido.
Y el último paso en el proceso es el más breve y a la vez el más duradero. El decidir si vale la pena o no, aplica para ambas partes. La respuesta a esta pregunta es lo que marca la diferencia entre escoger el perdón o guardar el rencor.
Yo me quedo con la primera opción. Ustedes cuál tomarían?
no puede ser!
Pasé todo el día con un juego, pero lo compramos piratita así que algo malo debería tener. Estoy según esto a punto de la batalla final con el más malo de los malos y qué creen?
el juego tiene un error y el play ya no lee desde ahi el disco.
Ya lo limpié, reinicie cargue y todo y nomás no furula, esto sí que es frustrante.
el juego tiene un error y el play ya no lee desde ahi el disco.
Ya lo limpié, reinicie cargue y todo y nomás no furula, esto sí que es frustrante.
que valga la pena
dicen que cuando escribo algo aquí es por que se vuelve definitivo. Esta vez espero se cumpla el dicho.
Hace unas horas estaba contento, me sentía bien despertando a media tarde con la mujer que había llenado mis días y me había convencido que intentarlo valía la pena. Como muchos de los que me leen sabrán hice más de un trago de orgullo por estar con ella. Pero hoy se excedió y para colmo la enojada era ella.
Como cada fin de semana tenía planes en los cuales ni me había tomado en cuenta, para este fin según ella lo pasaríamos juntos. La cosa se puso mal en algún momento y le pareció más importante el compromiso posterior con sus amigos y vilmente me desplazó. Traté de ser comprensivo y me quedé con ella y sus amigos pero ocurrió que cierta persona llegó y ella hizo pancho. Aunque trate de verdad estar bien con ella no le importó y me vi obligado a salir del lugar. Eso sí, antes de irme hice lo posible por arreglar las cosas y simplemente su actitud fue negativa.
Como siempre ocurre intenté solucionar las cosas con un dialogo pero ella insistió en que eso la estreaba y cuando le dije que si seguía con esa actitud yo me iría ella dijo que le valía. Me sentí un idiota por haberle creído que al fin cumpliría algún compromiso conmigo y al final le valió lo mismo que cualquier cosa.
Como se darán cuenta me enojo mucho el asunto y por fin decidí dar por teminada la relación. Aunque mis primos (ellos me aguantaron todo el enojo) creen que la quiero demasiado y le pasaré esto como pasé que buscará a su ex, me dejara plantado más de una vez o me mintiera en muchas ocasiones, esta vez lo decidí en serio.
Puede sonar pedante o bien algo tonto pero creo que tener un noviazgo implica compromisos, al menos debe implcar honestidad y seguridad. Como no puedo confiar en una persona que cada semana me cambia las cosas, decidi que por mucho que la quiera y muera en este momento por llamarle y tratar de solucionar las cosas no vale la pena seguir siendo su pendejo.
Lo pongo por escrito y no es nada que no haya dicho antes. Puedo regalar mi tiempo, mis deseos o mi pasión, puedo entregar mi cariño o mi amor, pero mi paz interior y mi dignidad no las doy por nada del mundo y esta vez se acabó en serio y espero lea este post y entienda.
Claro que lo antes escrito fue ya pronunciado, casi como una súplica por estar bien. Creía hasta hace un rato en las soluciones de continuidad pero lamentablemente la persona del otro lado de la relación no lo creyó y al fin hizo que todo terminara.
Estoy molesto, enojado y sintiendome un pendejo por haber creído nuevamente en mentiras de mi pareja. Sin embargo debo ser sincero y decir que nunca me había sentid tan enamorado y tan feliz de tener su sonrisa frente a mi y mi rostro reflejado en sus ojos. Hace tan solo unas horas se lo dije, me declaré suyo y aseguré que haría lo posible por estar bien los dos juntos. Lamentablemente ella no comparte mi visión y ha dejado al abajo firmante solo y disponible de nuevo.
Hace unas horas estaba contento, me sentía bien despertando a media tarde con la mujer que había llenado mis días y me había convencido que intentarlo valía la pena. Como muchos de los que me leen sabrán hice más de un trago de orgullo por estar con ella. Pero hoy se excedió y para colmo la enojada era ella.
Como cada fin de semana tenía planes en los cuales ni me había tomado en cuenta, para este fin según ella lo pasaríamos juntos. La cosa se puso mal en algún momento y le pareció más importante el compromiso posterior con sus amigos y vilmente me desplazó. Traté de ser comprensivo y me quedé con ella y sus amigos pero ocurrió que cierta persona llegó y ella hizo pancho. Aunque trate de verdad estar bien con ella no le importó y me vi obligado a salir del lugar. Eso sí, antes de irme hice lo posible por arreglar las cosas y simplemente su actitud fue negativa.
Como siempre ocurre intenté solucionar las cosas con un dialogo pero ella insistió en que eso la estreaba y cuando le dije que si seguía con esa actitud yo me iría ella dijo que le valía. Me sentí un idiota por haberle creído que al fin cumpliría algún compromiso conmigo y al final le valió lo mismo que cualquier cosa.
Como se darán cuenta me enojo mucho el asunto y por fin decidí dar por teminada la relación. Aunque mis primos (ellos me aguantaron todo el enojo) creen que la quiero demasiado y le pasaré esto como pasé que buscará a su ex, me dejara plantado más de una vez o me mintiera en muchas ocasiones, esta vez lo decidí en serio.
Puede sonar pedante o bien algo tonto pero creo que tener un noviazgo implica compromisos, al menos debe implcar honestidad y seguridad. Como no puedo confiar en una persona que cada semana me cambia las cosas, decidi que por mucho que la quiera y muera en este momento por llamarle y tratar de solucionar las cosas no vale la pena seguir siendo su pendejo.
Lo pongo por escrito y no es nada que no haya dicho antes. Puedo regalar mi tiempo, mis deseos o mi pasión, puedo entregar mi cariño o mi amor, pero mi paz interior y mi dignidad no las doy por nada del mundo y esta vez se acabó en serio y espero lea este post y entienda.
Claro que lo antes escrito fue ya pronunciado, casi como una súplica por estar bien. Creía hasta hace un rato en las soluciones de continuidad pero lamentablemente la persona del otro lado de la relación no lo creyó y al fin hizo que todo terminara.
Estoy molesto, enojado y sintiendome un pendejo por haber creído nuevamente en mentiras de mi pareja. Sin embargo debo ser sincero y decir que nunca me había sentid tan enamorado y tan feliz de tener su sonrisa frente a mi y mi rostro reflejado en sus ojos. Hace tan solo unas horas se lo dije, me declaré suyo y aseguré que haría lo posible por estar bien los dos juntos. Lamentablemente ella no comparte mi visión y ha dejado al abajo firmante solo y disponible de nuevo.
1.29.2010
Soñaba
Tenía un sueño pero lo dejó volar para no retenerlo en la esperanza. Acostumbraba hacer eso desde niña, se sentaba en el borde de su ventana y desde ahí con la mirada fija en la luna, algún árbol o simplemente siguiendo cualquier cosa o sujeto que se deslizará por la calle soñaba. No era tan importante para ella el sueño en sí como la acción de soñar. Lo mismo le daba soñar dragones que incendiaban los árboles de la calle que azores mitológicos volando sobre su cabeza e invitándola a pasear; eso no importaba. Lo interesante era soñar y ya, pero soñar despierta porque dormida no podría dejar escapar los sueños. Se le quedarían atrapados para siempre en la esperanza o podrían incrustarse para siempre en su memoria. Entonces no podrían volar y dejarla libre.
Pensaba que los sueños podrían volar hasta cansarse, tratando de alcanzar el cielo de lo consumado, y como todo sentimiento se cansaría, dejaría de aletear y caería estrepitosamente sobre las calles. A ella no le gustaba pisar sueños, menos aquellos que pudiesen ser extraños. Sería una descortesía total y falta de apoyo al gremio soñador, al cual por cierto se sentía ligada por un fuerte pego a la membresía.
A ella le gustaba imaginar que los sueños caerían (afortunadamente no de forma estrepitosa todas las veces) en la cabeza de algún paseante. Se le metería entonces a él en la memoria o la esperanza y tendría un motivo por el cual levantarse todos los días. Claro que para esto perdía la noción de qué sueño era y lo olvidaba mientras caía, así que cuando estrellaba todo su sueñil existencia en la mente del paseante se convertía en un nuevo y maravilloso sueño revivido y renovado.
Como nuestra protagonista era además de fantasiosa algo ególatra creía firmemente que cuando ella soñaba ayudaba al mundo. así que pasó la adolescencia entera motivando al mundo con sus sueños. Cuando escuchaba las noticias y alguna de estas era inusualmente buena o positiva anotaba uno más a su lista de sueños regalados que al fin se cumplían. De esta manera el logro de algún personaje se convertía en la mente de nuestra protagonista en un sueño más que ella había ayudado a existir y lograr la libertad de la realidad.
El fin de un conflicto, una boda televisada, un alcance deportivo o científico, todo, absolutamente todo era para un hijo titulado. Llego a ser una joven clásica de sonrisa soñadora, alguien se lo dijo así de pronto. La palabra clásica se estampó como un sello de hierro al rojo vivo en su memoria, desafortunadamente algo cerca de la sección poética y a unos cuantos recuerdos de la noche en que decidió soñar que soñaba y que sus sueños salvarían al mundo. Despertó y quiso llorar su utopía. Desde ese comentario dejó de soñar despierta.
Afortunadamente sus sueños estaban acostumbrados a escapar y pudieron algunos, otros siguen haciéndolo. Vuelan más allá de las nubes para después, agotados de aletear, se dejan caer en las mentes de los paseantes. Hoy uno un poco flojo, de esos que no quisieron aletear, cayó sobre la cabeza del abajo firmante. Como el pobre sueño no logró suficiente altura como para borrar su pasado onírico y logró contarme su historia.
Pensaba que los sueños podrían volar hasta cansarse, tratando de alcanzar el cielo de lo consumado, y como todo sentimiento se cansaría, dejaría de aletear y caería estrepitosamente sobre las calles. A ella no le gustaba pisar sueños, menos aquellos que pudiesen ser extraños. Sería una descortesía total y falta de apoyo al gremio soñador, al cual por cierto se sentía ligada por un fuerte pego a la membresía.
A ella le gustaba imaginar que los sueños caerían (afortunadamente no de forma estrepitosa todas las veces) en la cabeza de algún paseante. Se le metería entonces a él en la memoria o la esperanza y tendría un motivo por el cual levantarse todos los días. Claro que para esto perdía la noción de qué sueño era y lo olvidaba mientras caía, así que cuando estrellaba todo su sueñil existencia en la mente del paseante se convertía en un nuevo y maravilloso sueño revivido y renovado.
Como nuestra protagonista era además de fantasiosa algo ególatra creía firmemente que cuando ella soñaba ayudaba al mundo. así que pasó la adolescencia entera motivando al mundo con sus sueños. Cuando escuchaba las noticias y alguna de estas era inusualmente buena o positiva anotaba uno más a su lista de sueños regalados que al fin se cumplían. De esta manera el logro de algún personaje se convertía en la mente de nuestra protagonista en un sueño más que ella había ayudado a existir y lograr la libertad de la realidad.
El fin de un conflicto, una boda televisada, un alcance deportivo o científico, todo, absolutamente todo era para un hijo titulado. Llego a ser una joven clásica de sonrisa soñadora, alguien se lo dijo así de pronto. La palabra clásica se estampó como un sello de hierro al rojo vivo en su memoria, desafortunadamente algo cerca de la sección poética y a unos cuantos recuerdos de la noche en que decidió soñar que soñaba y que sus sueños salvarían al mundo. Despertó y quiso llorar su utopía. Desde ese comentario dejó de soñar despierta.
Afortunadamente sus sueños estaban acostumbrados a escapar y pudieron algunos, otros siguen haciéndolo. Vuelan más allá de las nubes para después, agotados de aletear, se dejan caer en las mentes de los paseantes. Hoy uno un poco flojo, de esos que no quisieron aletear, cayó sobre la cabeza del abajo firmante. Como el pobre sueño no logró suficiente altura como para borrar su pasado onírico y logró contarme su historia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
